Astralis 2000 – Clarendon Hills.
Por salva | Agosto 23, 2010
No me interesan nada las “gominolas”, me cabrean un poco las tendencias a “dormir” paladares de la industria alimentaria en general, no me gusta que la gente prefiera un caramelo de fresa a una fresa de verdad, o el “filadelfia de kraft” a una Torta de la Serena, o que se confunda lo contundente e intenso con lo “basto”, desde la ignorancia además de creer que lo elegante y “perfilado” son vinos tratados con levaduras “aromatizadas”…ningún vino del mundo huele clara y nítidamente a “piña”, por poner un ejemplo…si lo hace, mal vamos. Toda esta introducción es para aclarar (por si alguien aún tenía la menor duda al respecto) que huyo como del diablo de toda esa corriente vulgar que se dedica a “infantilizar” paladares, haciéndolos más planos que una puerta de latón y que disfrutan de un vinucho hecho con viñas de tres años en suelos sin interés alguno, pero bien “aromatizados/corregidos/adulterados” para que sean precisamente eso…una “gominola” infantil y ridícula.
Dicho lo anterior, hay que advertir al personal de no caer en el error contrario, que sería algo así como “negarse judeo-cristianamente” al disfrute, por aquello de solo sentir placer “intelectual” con vinos “difíciles” y hasta ariscos. No, de eso nada, no tienen nada que ver la velocidad y el tocino. Lo importante, creo yo, es la autenticidad de carácter de cada zona del mundo, aceptarla tal como es y buscar, siempre dentro de ese registro de lo verdaderamente auténtico, lo mejor de cada vino, persona o cultura.
Yo no conozco la “cultura Yanky” ni realmente tengo experiencia en vinos “Nuevo Mundo”, salvo algún vinazo tipo Montebello, de Ridge, que fue de los primeros en enamorarme y engancharme a esta afición (mi primera cata seria de verdad en esto de los vinos, fue sobre California, qué curioso si lo pienso ahora…), algún Almaviva chileno, Insignia de Joseph Phelps, algún Malbec y Merlot argentinos de Finca la Anita, un Zinfandel y algunos Chardonnay también de Ridge y muy poco más…y eso es poco menos que nada para opinar siquiera.
En este caso estamos en Australia y, como no se, leo, y leo a Parker, que dice cosas como (no es literal, pero más o menos dice eso): si aquellos intentan emular la elegancia de los grandes vinos europeos, les salen churros sin esencia…si aquí intentamos emular aquellos vinos (en las grandes zonas), en ocasiones nos salen “brutos”…muy intensos, sí, pero sin aquella “gracia”…y eso me evocan a mi algunos de estos vinos, incluso desde la seriedad de un Montebello o Almaviva…”gracia de aquella cultura”…es como cuando miras en la tele un programa de televisión de por aquellos lares y ves a la gente que gesticula mucho, es muy expresiva, es simplemente…distinta.
Ciñéndonos a los vinos, supongo que las grandes diferencias, además de por lo que intento decir (el carácter de una zona o persona determinada), vendrán muy condicionadas también por un clima distinto (y por tantas y tantas otras cosas…), el caso es que este Astralis 2.000, no siendo (según Parker, y yo me fio) una gran añada, esta riquísimo: …esa fruta casi “braseada” y ese torrente de especias hace que resulte más dificil ver su fina mineralidad de viñedo viejo y magnifico…el alcohol es el de “allí”…mucho, tacto glicerico a tope, pero en ésto sí debo decir que mucho MÁS ELEGANTE que las glicerinas que nos “fuerzan” por estos lares…
Resumiendo y por acabar, hay que salir de absurdas comparaciones, ese Astralis está cojonudo!! pero hay que beberlo “abierto a aquel caracter, personalidad y clima” y no haciendo estúpidas comparaciones entre la elegancia europea y la expresividad australiana…menos mal que son diferentes!! más riqueza al mundo del vino.
y sí, no siendo una añada grande la 2000 en aquella zona…no solo me atrevo, sino que me apetece realmente, ver cómo evoluciona ese Astralis, sino cinco años más…sí algunos…creo que hoy por hoy está en su punto exacto…pero igual hasta mejora todavía más… …me está haciendo pensar bastante ese Astralis y el dichoso Parker, pensar en cuánto placer nos podemos perder si dejamos a nuestra mente “encerrarnos”.
Pd: sigo siendo absolutamente talibán defensor de la “elegancia europea”…recuerden…la velocidad y el tocino tienen muy poco que ver.
charla abierta, a ver lo que da de sí:
http://www.verema.com/foros/foro-vino/temas/778317-vino-astralis-2000-clarendon-hills
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La “difícil” añada 1996 de Champagne…y un Ranking para la polémica.
Por salva | Agosto 19, 2010
En una reunión de amigos, degustamos estos vinos en torno a una mesa informal, un encuentro de esos que llaman “de sobaquillo”, unas tapitas, algún que otro plato…una cena apropiada a estos calores y una sobremesa larguísima…hasta más de las 6 de la madrugada con buen bonito, lomo de caña y un par de quesos.
A veces parece que los grandes vinos, esos que además añaden un carácter propio e inconfundible, pasan algo parecido a “fases”…como si estuvieran vivos. Incluso diría que a algunas personas les pasa igual…como si estuvieran vivas (y dejar la farsa de jugar al muerto, cuando lo que sobra es ilusión…dice una preciosa canción de La Surca).
Desde mi derecho legítimo a equivocarme y con mi subjetividad por bandera, diré que fue una noche interesantísima para mí en cuanto a una horizontal del año 96 de Champagne y como la noche confunde y además tanto los vinos como las personas, atravesamos “fases”, debo decir que esa noche la acidez en los Billecart andaba revuelta, muy traviesa, rebelde y sin la menor intención de integrarse…dulcificada como en un caramelo de limón en el Cuvée Nicolás y algo más elegante, pero sobresaliendo y pidiéndote a gritos “comer algo” para redondearla, en el Grande Cuvée. Con el RD de Bollinger volví a reconciliarme con la añada, pues daba la impresión, no ya de la misma acidez, sino de más alta todavía, sin embargo una bárbara estructura del vino sí conseguía integrarla, dándote un trago “titánico”, ancho, largo, alto y profundo a la vez.
Mezclo aquí a dos bodegas, pero también debo mezclar vinos probados en días diferentes, con uno o dos meses de por medio. Un Grande Cuvée de Billecart del 96 tomado esos dos meses antes en una cena, no se parecía en nada al de esta otra noche, fino y larguísimo, nunca tan estructurado y vinoso como un RD, pero sí mucho más “hecho” y con una profundidad y elegancia sublimes. Un Grande Année de Bollinger del 96 tomado también hace un par de meses era una maravilla. Comparado con las que años atrás había tomado, había perdido algún “estocazo” punzante de la juventud, pero había ganado en muchas otras cosas, empezando por la calma, la finura de la burbuja y sobre todo esa integración, ya creo que inseparable, de la acidez de esa añada con el resto del vino en un equilibrio magnífico. No fue así con el Cuvée Nicolás 96. Un caramelo de limón brutal…caramelo porque era una acidez “dulzona”…como si se encontrara en plena “catarsis” hacia otra cosa, otro estadio, otro nivel, otra “fase” del vino. Yo no entiendo de evoluciones, pero tuve esa sensación y eso exactamente imaginé, como si esa acidez estuviera en plena “autolisis” (permítaseme el tecnicismo sobre el que no tengo ni repajolera idea) y el vino estuviera en ciernes de dar un cambio importante.
Pensando después, caí en la cuenta del Cuvée Elisabeth que habíamos tomado al principio, siendo un vino que también había cambiado a según lo recordaba yo un año atrás. Estaba mucho más “estructurado”…más vinoso y mas “serio” que aquel afilado e interesantísimo (por raro, además de por sumamente elegante) Champagne rosado de meses atrás. Fue algo parecido a lo que me pasó un con Dom Perignon Rosé 96, también con uno o dos años de por medio, no igual, pero sí un cambio parecido.
Quitando este Elisabeth es como si en esta “fase” de los vinos, los bravos, vinosos y casi “cuadrados” vinos de Bollinger se hubieran “afinado” y los finos, estilizados, precisos y afilados vinos de Billecart, estuviesen en una fase digamos “rebelde”. Adoro que me pasen estas cosas con esos grandes vinos.
Por acabar el capítulo de Champagnes, el último vino de la noche (serían ya más de las cinco de la madrugada) fue el Krug Vintage 1996. No era el mejor momento para abrir una joya así, ya saturadísimos de tantos vinazos y muy cansados (en mi caso, mucho). Le precedió el RD 96 de Bollinger que me reconcilió con esa ácida añada, pues andaba yo muy mosqueado con ella a esas alturas (¿se integrarán algún día, o pasarán de ácidos a maduros sin pasar siquiera por la adolescencia?), pero el Krug, a pesar de ese cansancio y saturación, me dio una “bofetada” precisa y directa…contundente: el mejor vino de toda la noche, sin más y sin lugar a dudas, mejor que tintos, blancos, espumosos o dulces…por elegancia y equilibrio a raudales. ¿ácido?, no, fresco, fino, largo, profundo, elegante…y sí, por supuesto…tremendamente joven. Cuando un vino te dice eso de forma tan inequívoca y contundente, en mi caso al menos, creo que se debe uno fiar de una “primera impresión” tan clara y directa.
Me queda hablar sobre los tres Grandes Vinos de St Vivant de DRC y Leroy, además de los dos Fondillones y el Moscatel. A ver si saco un rato. Terminaré ahora diciendo que nadie piense que estoy haciendo ninguna crítica a dos o tres bodegas de Champagne legendarias, que llevan varios cientos de años haciendo vinos impresionantes. No, solo divago sobre una añada tan enorme como “excesiva”, difícil, que hace a los vinos muy cambiantes y que me tiene fascinado precisamente por eso.
Ahora el Ranking, que es algo que odio hacer, salvo que sirva para discutir, aprender, compartir, crecer…si os fijáis bien…podría ser muy polémico, verdad?
1 - Krug Vintage 1996
2- Bollinger RD 1996
3 – Fondillón Gutierrez de la Vega 1987
4 – Triple empate con los 3 St Vivant (2007 y 2000 de Leroy y 2007 de Romanée-Conti)
5 – Billecart Salmon Cuvée Elisabeth 2000
6 – Billecart Salmon Grande Cuvée 1996
7 – Casta Diva Reserva Real 2002
8 – Doble empate Billecart Salmon Cuvée Nicolas 1996 y Fondillón Gutierrez de la Vega 2000
…seguro que muy discutible…a ver si lo discutimos…
charla abierta:
http://www.verema.com/foros/foro-vino/temas/777606-dificil-anada-1-996-champagne-ranking-para-polemica
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Cuando el viñedo se impone, se impone (no perdamos la esperanza).
Por salva | Julio 24, 2010
El ruido confunde, la prisa, lo que nos vendieron de niños y jóvenes o nuestra huída a no se sabe dónde…pero si hay materia prima, no perdamos la esperanza.
¿cómo sacamos lo mejor de un viñedo? ¿quién se erige en juez para saber qué es lo mejor de un viñedo? No podemos saberlo, solo podemos, en función de lo que creemos saber, intentar expresar pensamientos, comunicarnos y quizá, solo quizá…acertar.
Dominio de Tares P3 de 2.001. Para mí, el viñedo sigue peleando por imponerse a ciertos excesos que le imprimieron los que lo elaboraron, porque creyeron que era lo mejor. A mi me vale, aunque no pienso igual, salvo que me convenzan de lo contrario.
Esos excesos no le dejan ser él mismo del todo, por excesiva concentración y tostado (creo que de la madera), sin embargo, es rebelde ese viñedo y su hermosura vence a todo eso al final, aunque hay que pelear hasta comprenderlo. El hombre restó y no sumó, con la mejor intención y llevado por lo que el mercado demanda. Eres verdaderamente hermosa, mucho más sin maquillaje, pero no lo sabes y te maquillas rozando el exceso, aunque yo te quiero igual.
Hasta aquí la critica de un inconformista y, lo reconozco, un criticón de mierda. Porque el vino está muy bueno, a pesar de (esta botella) mostrar cierto toque “contaminado” y no se bien de qué (porque ni soy enólogo ni quiero serlo). Me fastidia cuando a la primera nota extraña, decimos presurosos: corcho! Pues no, hay “algo”, pero no es contaminación por el corcho, son muchas las bacterias que actúan. Pues a pesar de eso, el vino tiene interés de sobra, para seguir, copa tras copa, tras él.
Cambiando de tercio, estoy recordando cierto artículo sobre St. Vivant que me está haciendo pensar bastante. El cómo no he probado nunca un vino de ese Grand Cru del año 78 y sin embargo soy capaz de llegar a imaginarlo mentalmente, por haber probado otros de esa añada, por haberme enamorado de esa añada y considerarla para mi “perfecta” y después, solo después, haber leído que personajes de la envergadura de Henry Hayer piensan lo mismo (ellos desde la contundencia que da el saber, yo desde la casi casualidad que da el sentir), por haber sido añada de ciclo largo, por haberle dado tiempo al racimo a extraer en las condiciones ideales, por varias cosas…es LA AÑADA (estamos ahora en la Borgoña).
También recuerdo ahora la evolución del Domaine de la Romanée Conti en ese terroir, Saint Vivant, desde el año 88 y ese maravilloso vino del 95 que me emocionó hasta casi la lágrima (no lloré por estar en público, en un restaurante), o la interpretación del 2.003 de Leroy de ese Grand Cru…una autovía de cuatro carriles por sentido, decía un experto catador (no se equivoquen, esa intensidad es muy distinta a la de un vino “potente” en un “diferente” sentido de la palabra) y cómo ese día se equiparó, a su mismo nivel y en distinto registro, a un Musigny y un Chambertín, dejando bastante atrás a un RIchebourg y todo el resto de Grands Cru de esa mítica bodega.
Admiro a los productores que me hablan con auténtico amor de sus uvas, y dicen al mundo que su obligación y mayor preocupación, cuando poseen un tesoro de tal magnitud como un Gran Terroir, es “no romperlo”, intentar llevar a la botella toda esa belleza.
El ruido, la prisa, las modas, los “puntos”, la fama, el ego y todo lo demás que adereza tales cuestiones que deberían ser sobrantes en la vida (que es muy corta), nos puede llevar a equivocarnos y a “romper” las cosas que de verdad valen la pena.
Dominio de Tares P3 del 2.001, podría seguir hablando mucho rato de vinos, pero voy a seguir con otra copa, a sabiendas que para mí, el viñedo está por encima de la elaboración (es una apreciación y opción personal, nunca “la verdad”), y aún así…está muy rico.
Pienso que yo, como “enólogo” de mi propia vida, aspiro a, algún día, conseguir sacar de verdad toda la belleza que me rodea, limpiándola de ruidos si puedo, y sin “romperla” yo con mis propios ruidos.
Con el “ruido”, viajando a su lado, tendrás fama y seguidores. Si lo apartas, encontrarás la belleza y el amor, la verdadera personalidad, tu originalidad única e irrepetible.
…sigo pensando, sigo esperando…sigo…y espero llegar a viejo, pero con la ambición rebelde de ahora mismo, con una ambición sin límites y no apta para pusilánimes. La vida es demasiado corta como para conformarse, mi opción es la intensidad y la llevo a todos los extremos, empezando por darme a mí mismo por entero, no parcialmente ni condicionado….todo o nada.
My way…
pd: el vino sigue tomando aire…va pasando el tiempo…y sus “excesos” se van diluyendo e integrando…cambien “viñedo” por “persona amada” si lo desean en este escrito. Hablamos del vino, y de la vida…
charla abierta:
http://www.verema.com/foros/foro-vino/temas/770915-va-por-luis-astolfi-quien-discutia-mas-que-otra-cosa
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Romanée St. Vivant.
Por salva | Julio 22, 2010
No puedo dejar de compartir esta ENORME reflexion sobre unos de los mejores TERROIRS del mundo entero.
Escrita por un grandísimo amigo mío, que realmente sabe de lo que habla.
Reflexion sobre la cual estoy muy seguro “discutiremos” largo y tendido la proxima vez que nos veamos, sin lugar a dudas, pues hay cosas puntuales que no comparto, muy puntuales, eso sí y otras para las que preciso matización:
*el salto que él cuantifica entre la añada 90 y la 99, por ejemplo, que yo sitúo (por los vinos probados por mí), entre la 90 y ya la 95.
*su reincidencia en el concepto “austeridad”, para el que necesito necesariamente matizacion, pues ya sabeis que en esto del vino, en el “detalle” minusculo a veces se gesta la diferencia.
Realmente es lo que yo siempre he pensado sobre ese terroir y nunca supe expresar, que en este caso mi gran amigo expresa de maravilla, profundizando mucho más.
No demasiado apto para neófitos quizá. Profunda reflexion que espero disfruten e incluso podamos discutir y debatir por aquí.
No se pierdan la BRILLANTE CONCLUSION en su “RSV Hoy”
ROMANEE ST. VIVANT (RSV)
Blas Cerón
El porqué
En el mundo hay miles y miles de viñedos. Muchos de ellos se entremezclan para hacer una bebida alcohólica con fines estrictamente comerciales, sin más interés que ganar muchísimo dinero. Pero otros viñedos son distintos, tienen vida propia. Escondidos en la montaña, mirando al mar, desafiando al Sol, en laderas impresionantes de puro vértigo…, transmiten placer. Y hay otro tipo de viñedos, aquellos que tienes que buscar, intentar comprender toda su inmensa grandeza, su complejidad, su extraordinaria elegancia, su belleza, etc…, viñedos capaces de transmitir su esencia a través de su tierra y sus uvas, para que tú y yo podamos descorchar una botella y con su vino ser un poco más felices.
Pasan los años, nos vamos haciendo mayores, y poco a poco vamos eligiendo unos viñedos, que intentamos comprender a través de sus vinos, pero también conociendo su historia, la filosofía de sus propietarios, sus suelos, sus uvas, etc. Poco mérito tiene que me guste Viña el Pisón y Musigny, porque son tan extraordinarios que cualquier buen aficionado los pueden entender, es relativamente fácil (hay que leer, visitar, hablar, pensar y beber varias docenas de botellas), porque son viñedos que se expresan plenamente.
Y hay otros viñedos que, siendo igualmente extraordinarios, tenemos más dificultades para entenderlos. Así estaba yo con RSV hasta hace unas semanas. En Enero estuvimos en Beaune y, como suelo hacer, compré 10-15 libros que voy leyendo poco a poco durante el año. Uno de ellos, “Millesimes en Bourgogne 1846-2009” de Jacky Rigaux (3ª Edición, Noviembre 2009), lo he leido entre árboles verdes, al principio de este suave verano del 2010. Y cada vez que leía el comentario de una añada buscaba en mis archivos (mentales en este caso) todos los vinos buenos que había bebido de dicho año, para decidir que este tipo de publicaciones son las que debemos de leer (olvidarnos de comentarios, que buscan el éxito comercial y el glamour personal, sin ningún tipo de fundamento), y reflexionar sobre toda la información que nos aporta. Había estado varias veces en el viñedo, había bebido muchas botellas de varias añadas, conozco las distintas bodegas elaboradoras, lo había comentado con mis mejores amigos…, y RSV era un viñedo excepcional, pero me faltaba algo más. Reordenar mentalmente años y botellas para, sin darte cuenta, alcanzar algunas breves conclusiones, y pasar, viñedo y vinos, de grandes a extraordinarios.
Viñedo histórico y entorno mítico
Un viñedo tan extraordinario como RSV tiene lógicamente muchísimas referencias históricas, desde su origen, en tiempos posiblemente del Imperio Romano, hasta la actualidad. Para no aburrir sólo reseñaré algunas que me parecen interesantes.
En el S.IX los monjes de Vendee se instalan, con las reliquias de St. Vivant, en la región. En 1276 se constituye el “Cloux de St. Vivant”, que conserva la misma superficie hasta hoy. Me gusta comprobar cómo hoy nadie recuerda ya ni las reliquias ni la abadía y sin embargo, el viñedo es para todos los aficionados un lugar de peregrinaje.¡Cómo cambian los tiempos!.
En 1760 el Príncipe de Conti compra una parte del viñedo, entonces llamado la Romanee (desde 1794 es Romanee Conti, y la actual Romanee es una creación del S.XIX), y durante 30 años, que se lo confiscarán en la Revolución Francesa, se dedicó intensamente a beberse todo el vino, y a regarlarlo a sus mejores amigos. Políticamente Conti también debió ser importante, pero una minucia comparado con su visión del vino, más propia del S.XXII o XXIII (hoy a los ricos les da por la Bolsa y el acaparamiento sin escrúpulos). Nadie habla, imagino que por envida, cuando el príncipe de Conti firmó “queda reservada toda la producción de este vino para mi exclusivo uso personal”. ¡Cuánta inteligencia vinícola!.
En 1791 N.J. Marey compra el viñedo y sus descendientes son los propietarios hasta el año 1988. Antes en 1898 habían vendido 2,67 hect al tatarabuelo de Louis Latour, la parte llamada les Quatre Journaux. En 1966 DRC (Domaine de la Romanee Conti) alcanza un acuerdo con el Domaine Marey-Monge para la explotación del viñedo de Romanee St. Vivant.En Septiembre de 1988 DRC compra a la familia Neyrand, herederos de Marey-Monge, 5,28 hect. del viñedo RSV, cuya extensión total es 9,43 hect. Es una compra tan importante que DRC tiene que vender la mayor parte de sus viñedos de Echezeaux, y una pequeña parte de Grands Echezeaux, que siguen dirigiendo con contratos a 30 años renovables, para poder financiar la compra. El resto del viñedo se lo reparte Louis Latour con 2,6 ha., y varios pequeños propietarios ( Leroy, J.J. Confuron, R. Arnoux…) que suman algo más de 1,5 ha.
Vosne Romanee es un pequeño pueblo de Borgoña. Sin nada especial aparentemente. Pero, dejas la Route Nacional 74, atraviesas las casas y llegas a los viñedos. Sin duda “es el sitio del mundo que mejor marca el terroir”, es imposible encontrar más grandes viñedos juntos, tanto Premier Cru (Malconsort, Suchots, Beaux Monts, Aux Brulees, Petits Monts, Cros Parentoux, Aux Reignots…) como Grand Cru (Romanee Conti, Richebourg, La Romanee, Grande Rue, La Tache y Romanee St. Vivant). Todos son viñedos que producen vinos extraordinarios, muy distintos entre ellos, y muy distintos según la añada.
En Vosne Romanee los viñedos se encuentran entre los 235 y los 350 metros de altitud. Los Grand Crus se suelen encontrar a media ladera, con una inclinación muy suave, que permite un buen drenaje, sobre una roca madre calcárea del Jurásico. RSV se encuentra entre 250 y 270 metros, con un suelo arcillo-calcáreo de 90 cm de grosor (50% de arcilla), y muy rico en calcáreo activo (12%). La variedad de uva es 100% Pinot Noir.
Concepto de añada en Borgoña
“Si la originalidad y tipicidad de los vinos de Borgoña la proporciona los terroirs de donde provienen, la calidad depende del clima de cada año, de la añada”, nos dice J. Rigaux. La pinot noir es una variedad muy fina que imprime en el vino, con una sensibilidad extrema, las características que el clima aporta al ciclo vegetativo. Son vinos monovarietales de pinot.noir, por lo que al no mezclarse variedades (como en Burdeos) no existe la opción de cambiar los porcentajes de unas y otras uvas para mejorar la mezcla final. En Borgoña todo es terroir, añada y el Hombre. Se respeta la Naturaleza, el suelo y la uva, son vinos puros y honestos. Por suerte tenemos archivos desde los romanos, especialmente de los monjes medievales, que nos informan de los trabajos de la viña, del grado alcóholico, de la madurez etc…
Aubert de Villaine, cogerente de DRC desde inicio de los 90, nos dice que “en un año difícil el terroir marca más que la añada. Los vinos de los años pequeños son los verdaderos vinos de los aficionados, incluso si aportan menos placer. Como si en Borgoña el frío permite mejor que el calor una expresión pura, transparente y delineada del terroir. Nada más seductor que un gran vino de un año grande o excepcional, pero nada más admirable que un gran vino de un año pequeño o mediano”.
En 1.869 Duvault-Bloche, propietario de DRC, publicó “De la Vendimia” acertadamente reeditada en 2002 por DRC y en el 2006 por Terre de vues. En treinta páginas nos resume “53 años de estudios, de experiencias y de comparaciones”. Nos dice que “para que la viña sea capaz de alcanzar grandes maduraciones, sin las cuales no habría grandes vinos, es imprescindible ser más exigente en la calidad extrema de todos los trabajos de la viña durante todo el año”. Y decía muchísimo más, la necesidad de comenzar la vendimia cuando el mosto alcanzaba 13 o 13,5º, la imprescindible lucha para evitar la podredumbre, lo desagradable que le resultaba el verdor de los vinos mediocres etc… Como aficionado es emocionante que hace 150 años se hablara de “la calidad extrema de todos los trabajos de la viña”.
Henri Jayer (1922-2006), para muchos el mejor “vigneron” de la historia, nos demuestra que uno de los criterios esenciales para determinar la calidad de una añada es la duración de la insolación durante los treinta días que preceden la vendimia. Nos dice que “ los años que se benefician de 160 a 180 horas de sol pueden ser considerados como medio, los que tienen de 180 a 200 horas son buenos, y los que fueron dotados con más de 200 horas grandes o excepcionales”. Tambien defiende durante ese mismo periodo la importancia de la luminosidad ( no se debe confundir con el calor), que favorece la fotosíntesis, y del viento del Norte, que evita la podredumbre. Y humildemente reconoce H.Jayer que valorar una añada es un ejercicio complicado, porque “el clima es importante, el terroir es determinante y el hombre decisivo, de tal manera que a menudo se tienen felices sorpresas o tristes decepciones”.
Mis 10 mejores añadas de RSV
Vamos a intentar analizar (entender, valorar, conocer, disfrutar…)un viñedo, RSV (Romanee St. Vivant), desde una doble perspectiva. En primer lugar os ofrecemos unos datos sobre diez añadas (comentarios basados en “Millesimes en Bourgogne”). Y a continuación, en cada añada, expongo, a título personal y como aficionado, mi opinión sobre algún vino bebido de dicho viñedo, y el porqué lo he elegido. Faltan vinos y añada, pero las que están son importantes, y me han sido útiles en mi valoración del viñedo.
Añada 1976
Después de una primavera suave y un verano con mucha insolación y muy seco se esperaba una añada excepcional. Pero en septiembre llovió durante 25 días seguidos, se generalizó la podredumbre gris, y cuando las uvas llegaban a las bodegas el ambiente era irrespirable. Nos recuerda H.Jayer que “las 114 horas de sol en las últimos 30 días están muy lejos del mínimo recomendable de 160 horas”. Es una añada que exigió una selección draconiana.
En conjunto fue un buen año, pero en absoluto grande o excepcional, como durante años se ha valorado. Es cierto que son vinos de una longevidad enorme, pero los taninos nunca se han redondeado, nunca han sido ni serán elegantes, nunca tendrán una textura borgoñona. H.Jayer reconoce que 1976 es su única añada (y elaboraría 40- 50) en que “los taninos tienden a oxidarse”.
Hace 2-3 años bebí un RSV 1976 de Maison Leroy. Hay que atreverse a pedir esta botella después de tres Mersault Perrieres 2004 (Roulot, Lafon y Crivault) y un Montrachet 2002 de Ramonet. Por ello nuestra satisfacción fue mayor al comprobar que tal vez sólo Henry (murió en 1980) y Lalou Leroy habían sido capaces de seleccionar las uvas tanto (y era muchísimo) como se necesitó. Taninos y mineralidad perfectamente fundidos, con la intensidad justa que aporta los años. Nada de oxidación prematura, sino evolución grandiosa acorde la añada y la parcela, tal vez porque Lalou intrerpreta (elabora / selecciona) estas añadas complicadas como nadie. Y si los comparamos con otros 1976, incluso de la Maison Leroy (Volnay, Gevrey Chambertin Beaune…), vemos la jerarquía de las parcelas, lo que significa ser un Grand Cru mítico. Dice J.Rigaux acerca de RSV lo que se aprecia en este 1976, “es justo calificar el vino de monacal, por su rectitud impresionante, su constancia y su vigor. Austero en su juventud, con el tiempo muestra toda su complejidad”. Es imprescindible beber algún RSV de este tipo para poder comprender como evoluciona el vino con el paso de los años.
Añada 1978
H.Jayer nos resume contundentemente esta añada: “Una de las mejores añadas que he vinificado, indudablemente una de las mejores del siglo. Un año frío con maduración tardía.”
En primavera el tiempo fue inestable formándose muchos racimos millerandees, que permiten resistir un verano igualmente inestable y con poca insolación. Pero el verano de alarga en un “verano indio” delicioso, con un mes de septiembre extraordinario y de octubre excepcional, imposible de vaticinar en agosto. Desde inicio de septiembre el tiempo es perfecto, con 10 horas de sol diarias y viento del Norte, sin nada de podredumbre. La vendimia se inicia a mediados de octubre, por lo que el ciclo vegetativo largo permitió que en los dos últimos meses, simplemente antológicos, se superasen todas las dificultades que se vaticinaban al principio.
No he tenido la suerte de beber ningún RSV del 78, y sin embargo quería incluirla en esta selección (igual que hay otras añadas, como 97, 2000, 2004…, que si he bebido y he decidido no incluirlas), siendo la única excepción en este sentido. El motivo es que en Enero del 2010 tuvimos la suerte de beber en casa de Confuron Coteditot un inolvidable Vosne Romanee Primer Cru Suchots 1978. Sabemos que la parcela de Confuron Cotedidot en Suchots está inmediatamente junta, separada por un camino de 3-4 metros, del viñedo de RSV. Podríamos hablar por comparación, tal vez igual de bien que habitualmente hacen muchos críticos. Pero es absurdo tener que hacerlo. Me gusta recordar el Suchots 78 para soñar con un RSV 78.
Monumental, impresionante, inolvidable, extraordinario…, palabras que por sí solas intentan definirlo. Y no es fácil, porque no estamos acostumbrados a tal calidad. Equilibrio, complejidad, elegancia, contundencia, profundidad, juventud, mineralidad, flexibilidad…, prácticamente perfecto. El equilibrio entre fruta madura, alcohol y taninos es tan impresionante como el equilibrio entre el frescor, los aromas orientales, regaliz, higo seco, café… Sus 32 años de vida tal vez nos hacen olvidar el concepto de longevidad para aceptar el de eternidad. Es imprescindible beber este vino para comprender qué significa la plenitud.
Añada 1981
Las condiciones climáticas (invierno y primavera suaves y con más calor que la media, Julio lluvioso y frío, pero Agosto caliente y seco) vaticinaban una buena cosecha. Pero no llegó a ser excepcional, porque varias heladas afectaron a numerosas parcelas, el ciclo vegetativo fue irregular, las vendimias empezaron el 27-9 faltando 10-15 días claves para una mejor maduración, etc…En conjunto tiene menos fruta y menos equilibrio que la añada anterior, aunque ha evolucinado muy bien en botella. Para algunos, como DRC, es la mejor añada de la década, aunque yo estoy convencido que salvo excepciones el 80, 85, 88, 89 son superiores.
Bebimos un RSV 1981 del DRC en el 2007 acompañados de un Lafite 96, Penfold Grange 83, Latour 70 y otros varios. El vino mantenía su estructura y su consistencia, mineralidad, taninos y acidez acorde con su edad, finos y elegantes, sin pesadez alguna, con sensación general de ligereza que no se debe confundir con endeble, tal vez un poco inexpresivo (posiblemente pasase una etapa difícil), etc. Un vino austero que tal vez necesita tiempo (no sé precisar más) para poder expresarse, y muy posiblemente, cuando despierte, nos muestre todas las características propias del viñedo de RSV. Un vino imprescindible para aceptar que, por mucho que lo intentemos, nunca entenderemos la energía de un viñedo como RSV.
Añada 1990
De nuevo una añada tan excepcional como 1978. Y sin embargo con unas condiciones climáticas tan distintas (prácticamente solo coinciden en los racimos millerandees y en la perfecta maduración).
En el 90 todo el cielo vegetativo fue precoz, hasta el punto que las vendimias se iniciaron el 21-9 (25 días antes que en 1978) y podemos hablar de un ciclo vegetativo largo, caracterizado por la sequedad y el calor, salvo dos instantes puntuales que sirvieron para apuntalar la calidad (el tiempo fresco e inestable en junio que permitió la millerandage, y las lluvias de finales de agosto que sirvieron para acelerar la maduración en un momento que había excesiva ralentización vegetativa). Hubo 200 horas de sol en los últimos 30 días, se alcanzó entre 13 y 14º, ni rastro de sobremaduración ni de botritis, perfecto estado sanitario de pieles y pepitas, riqueza de azúcar y a la vez acidez remarcable etc… El único problema, y que nunca afecta a las mejores bodegas, es que quien no seleccionó tuvo rendimientos un poco elevados. La vinificación fue sencilla, sin grandes problemas, por la inmensidad de las uvas.
J.Rigaux se refiere al 90 como “la gran añada del placer”, y no se cansa de adjetivos para definir los vinos: “complejos, profundos, con color, concentrados, opulentos, amplios, largos en boca, equilibrados, con una crianza en madera excelente, accesibles y a la vez muy longevos, frescos, suntuosos, elegantes, vinosos, brillantes, especiados, persistentes, con raza, viscosos etc…
Erróneamente los aficionados tendemos a identificar cada añada con una idea, un concepto, negando analizar los distintos factores que hacen que valorar una añada sea muy difícil. En este sentido el 90 ha sido interpretado como una añada caliente, lo que significa, al menos para los que se sienten puristas, más un defecto que una virtud. Parecen olvidar algo tan elemental como que todas las grandes añadas de Borgoña son añadas de Sol, complementadas con determinadas condiciones climáticas. Y para colmo no aprecian (odio los análisis en base a vinos baratos y regalados porque simplemente son mediocres y nunca representativos de nada) que en los 90 el calor está plenamente arropado por una excelente acidez. Ahora recuerdo, entre otros muchos, cuatro grandes vinos de cuatro distintas zonas: Trapet Chambertin 90 Magnum, Comte de Vogue Chambolle Musigny 90, DRC RSV 90, Comte Armand Pommard Clos des Epeneaux 90. Todos ellos, bebidos recientemente, son vinos frescos y placenteros, con acidez y Sol.
Pero ahora es el turno del RSV 90 del DRC, del cual he bebido dos botellas, en un espacio de 2-4 años entre una y otra, y, la primera observación, estaban prácticamente iguales, como detenidas en el tiempo, como un oso durante su periodo de hibernación. Es un vino que para mí representa más el viñedo que la bodega elaboradora, el carácter monacal y la austeridad de RSV más que la magia y el misterio de DRC. No tengo idea de cuándo despertará el vino (si el 81 está todavía despertando es difícil acertar sobre el 90). Ni imagino como será, como se expresará, porque si bien hay cualidades ya evidentes y sobresalientes (contundencia, estructura, fruta madura y fresca, longevidad…), hay otras virtudes (complejidad, suntuosidad, textura, elegancia…) que de momento no se aprecian en la dimensión que se espera, y que tal vez, con el paso de los años irán surgiendo poco a poco. Un vino imprescindible para, en los siguientes 10-20 años, beber 8-10 botellas, y disfrutar con su despertar, sus movimientos, sus gestos, etc.
Añada 1995
Nos dice J.Rigaux que el 95 es una “añada pedagógica”, ya que una regulación natural de origen climático, la millerandage, permitió superar una dificultad climática en la última etapa de la maduración.
El periodo de floración de la viña, que marca la cantidad de kilos/Hect., se caracterizó por un déficit de insolación, con temperaturas inferiores a la media y alta pluviometría. Este tiempo frío ralentizó el proceso de fecundación de la flor, le que provocó una millerandage importante, asegurando una gran calidad. La millerandage es un abortamiento parcial de la flor, quedando los racimos muy pequeños, con un funcionamiento fisiológico de las bayas distinto, ya que la pulpa en los racimos millerandees se desarrolla muy poco, favoreciendo la parte pelicular, muy rica en aromas y en materia colorante (polifenoles). En el verano hizo calor y todo marchaba perfectamente. Pero en septiembre el tiempo cambió de repente, volviendo a un clima similar al del inicio del ciclo vegetativo (déficit de insolación, 77 horas menos de la media, tiempo fresco, nubes abundantes…), pero ahora la viña estaba preparada para superar estos inconvenientes (con la millerandage hay pocos racimos, que son pequeños y con las pieles gruesas). Afortunadamente en septiembre no llovió excesivamente y la botritis no se generalizó. La vendimia fue madura, ya que en septiembre apenas hubo sol, pero en julio y agosto prácticamente se había completado la maduración.
La calidad de la añada es alta, incluso extraordinaria en aquellas bodegas que seleccionaron muchísimo la vendimia, ya que habían muchas parcelas con botritis y otras que los racimos no habían llegado a la madurez, lo que significa aceptar una producción muy pequeña en una añada ya naturalmente pequeña. Quien trabajó bien obtuvieron vinos más o menos clásicos, de una guarda larga, con acidez, frescos, consistentes, complejos, minerales, frutales etc…, que pensamos deben ser la referencia a la hora de valorar una añada.
Del 95 hemos bebido varios vinos pero quiero destacar el RSV de Dominique Laurent. Porque es el inicio de un nuevo tipo de negociants, pequeños y meticulosos al máximo, que suelen conocer al detalle cada finca y cada bodega proveedora, que elaboran habitualmente entre 1 y 2 barricas de cada vino, que compran y venden a precios elevados porque siempre defienden la máxima calidad etc…Actualmente el otro negociant de “de garaje”, o de “de alta costura” es Lucien Lemoine, quien también ha elaborado en el 2006 un magnífico RSV, con una utilización de la madera y expresión de la fruta diferente, pues representan dos estilos no antagónicos pero si distintos.
Dominique Laurent destacó en la época por la utilización de las “magics coask”, barricas especiales y exclusivas, con duelas de mayor grosor, criando el vino con un 200% de barrica nueva. Sin embargo este RSV aguanta perfectamente (al igual su Musigny, Grand Echezeaux y Clos de la Roche del mismo año), hasta el punto que existe un equilibrio fruta-madera realmente impresionante 10-12 años después de la vendimia. Es un vino especialmente fresco y agradable, con en equilibrio espectacular, elegante, con una interpretación perfecta de la acidez y el alcohol, sabroso pero no vulgar etc… Un vino moderno con fundamentos clásicos.
Considero que el 95 por sus condiciones climáticas es una añada muy adecuada para el viñedo de RSV, al igual que otras añadas son propias para otros viñedos. Sin embargo también creo que el RSV de D. Laurent representa más su estilo (por ello hay relativamente poca diferencia con otros Grand Crus suyos) y la añada que el verdadero carácter de la finca. Un vino imprescindible para conocer la filosofía de calidad de los nuevos, distintos y excelsos negociants.
Añada 1996
1996 fue un año muy seco. El invierno fue tan seco que apenas hubo tres centímetros de nieve en febrero. Abril fue un mes frío, pero igualmente seco (solo 15 litros el 23 y 24), al igual que mayo, alcanzándose los 33ºC el día 28. Junio, julio y agosto fueron tremendamente calientes y secos, alcanzándose más de 30ºC muchísimos días (36ºC el 14-7 y 35ºC varios días de agosto). Por fortuna 48 litros de agua del 5 al 9 de julio permitieron a las cepas seguir su ciclo vegetativo, y aguantar hasta finales de agosto, cuando el tiempo cambia notablemente y comienzan las esperadas lluvias. En septiembre el tiempo es frío, pero durante tres semanas, hasta incluida la vendimia, el viento del Norte impide el desarrollo de la botritis, y la gran luminosidad favorece la fotosíntesis. Fue clave la selección de la uva, ya que al ser un año tan seco la maduración fue desigual, quedando muchísimas cepas que no fueron capaces de madurar sus uvas. El estado sanitario del racimo era perfecto, las uvas muy sanas, el mosto con una acidez importante, que permitió una buena y fácil extracción de taninos (con una acidez baja hay que hacer más remontados). Si a principios de septiembre hubiese llovido un poco más, y más horas de sol, la maduración hubiese sido mejor y la añada excepcional. No obstante el nivel de calidad es muy alto para una añada tan excesivamente seca.
De 1996 quiero destacar un RSV de Domaine Leroy. Estoy plenamente convencido que los mejores vinos de la década de este viñedo son, y con una ventaja importante sobre el resto, de Leroy al menos hasta la añada de 1999. Es imposible elaborar un vino que pueda mantener tanto frescor y tanta juventud a la vez que desarrolla las virtudes propias de los mejores borgoñas, como elegancia, complejidad, mineralidad… Y no es un comentario sin más, pensemos por ejemplo en un vino enorme, La Tache 96, y vemos todas esas virtudes de manera excelsa pero no tiene el frescor propio de los Leroy 96. Hay en el RSV de Leroy lo que yo llamo “equilibrio titánico”, desde la intensidad de la máxima calidad, que no tiene nada que ver con el equilibrio decadente de vinos que están más allá que acá, más muertos que vivos. Es un vino emocionante porque es muy difícil encontrar vinos, por muchos que bebamos, que combinen tan armónicamente una vivacidad y energía tan descomunal con una consistencia, textura, mineralidad…tan sutil y delicada.
Es el vino de mi vida que mejor domina la acidez, es altísima, está presente (no se esconde ni se disimula), y a la vez es dócil y maleable, hasta el punto de poder afirmar que Leroy consigue hacer flexible la acidez. En otros muchos vinos del 96, de otras grandes bodegas, la acidez, siendo similar, se ha adueñado del vino, ya que la fruta, tal vez por un rendimiento más alto, no puede contrarrestarla, existiendo un desequilibrio eterno (aunque se esfuercen en decirnos que es falta de tiempo). Es un vino imprescindible para entender el concepto de “equilibrio titánico” desde la flexibilidad de la acidez.
Añada 1999
H. Jayer afirma que “hay que retroceder a 1934 para encontrar una asociación similar de cantidad y calidad”. 1999 es un año record de producción.
El ciclo vegetativo fue regular, sin contratiempos. Fue un año cálido, con pocas lluvias. Sin millerandage ni enfermedades reseñables. La vendimia se inició el 20-9 y fueron muy abundantes, con muchísimos racimos y con granos muy grandes. Y ahí estuvo el problema, en la superproducción, ya que el exceso de carga impidió que la uva madurase bien. Fue imprescindible seleccionar y limitar los rendimientos. La calidad de los vinos es desigual, desde extraordinarios en las bodegas de los mejores viticultores hasta aceptables en el resto. En general se deben beber antes que los 96 y 95. Son vinos muy agradables, redondos, carnosos, cremosos, estructurados, con “taninos soberbiamente civilizados” según Perrin, vigorosos, con cierto dulzor, con una acidez aceptable, etc.
De 1999 quiero destacar el RSV del DRC. Bebes este vino y reconoces al instante que la bodega ya consigue extraer toda la grandeza del viñedo, pasando de ser buenos a ser extraordinarios. En una cata horizontal del 99 del DRC pudimos analizar las diferencias de todas las parcelas, pero mentalmente recordé otros RSV de la bodega bebidas anteriormente. El 81 y el 90 eran grandes vinos, pero no marcaban tan bien el viñedo como el 99, que además de la parte austera, que sí estaba presente anteriormente, mostraba la parte más hedonista, pero desde la contundencia, sin ningún atisbo de frivolidad. Posteriormente he bebido otras botellas del 99, y, a diferencia del 90 (varias botellas muy similares entre sí), conforme pasan los años el vino está cada vez más bueno. DRC compró su parcela de RSV en 1988 y el 1999 es su primer vino realmente excepcional. El equilibrio general es pura armonía, todo está perfectamente acoplado: el alcohol inapreciable, la fruta fresca (por sus pequeñísimos rendimientos), los taninos acariciantes, el color natural (en absoluto negruzco), la acidez justa, el placer dosificado (madurez y extracción justa), contundencia controlada, el sostén de la madera, etc. Un vino imprescindible para disfrutar la pureza y honestidad del primer RSV “nuevo” del DRC.
Añada 2002
Después de un invierno seco, una primavera caliente, un verano alternando periodos secos, fríos, cálidos…, el final del ciclo vegetativo fue perfecto. A finales de Agosto, las deseadas lluvias y desde entonces, sin fallar un solo día, el necesario viento del Norte para evitar la botritis, evaporando la humedad y concentrando los azúcares. Mañanas y tardes soleadas y muy luminosas y noches frescas. Las viñas bien trabajadas, con rendimientos bajos (por poda corta) y bien ventiladas, tienen racimos muy sanos, con una muy buena acidez, perfectamente equilibrados. Para Denis Mortet “los mejores que he visto nunca”. Las vendimias se iniciaron el 16-9, con buen tiempo, no necesitan ninguna atención especial en bodega, permitiendo la crianza mantener el frescor de la uva. Los vinos son en general intensos, largos, estructurados, ácidos, aromáticos, complejos, con gran potencial de envejecimiento, y marcan muy bien su terroir. Posiblemente la mejor añada desde el 90, ligeramente superior al 95, 96 y 99.
El vino elegido del 2002 es el RSV del DRC. Ratifica todo lo dicho del 99, incluso superándolo, básicamente porque la añada es un poco superior, más contundente y menos cálida. Es un placer para cualquier aficionado poder disfrutar de dos interpretaciones tan magistrales, DRC y Leroy, de un mismo viñedo, que, aunque tiene en común muchísimas cosas, su carácter es distinto. RSV 2002 es el mejor RSV del DRC que he bebido hasta el día de hoy, siendo consciente de que me falta el 2005. Refleja perfectamente la añada, la finca y el carácter de la bodega elaboradora. Es un vino contundente y muy serio, con un futuro impresionante, con una mineralidad ya plenamente integrada, con unos taninos muy agradables, cremosos y dulces pero sin ningún exceso, fresco y ágil, sin ningún rastro de pesadez, elegante, que incita a beber y pensar entre trago y trago, aunque joven ya es complejo y expresivo…, como el mejor 2002. Es un vino normal y austero, como los ancestrales RSV, pero muestra, insinuándolo sutilmente, toda la seducción que define este viñedo, y que hasta ahora solo salía con el paso de los años. Y es un auténtico DRC, al nivel ya de los otros vinos de la bodega, que sigue con sus signos de identidad: respeto a la tierra, búsqueda de madurez, elaboración con raspón, barricas nuevas que no son capaces de doblegar la fruta, rendimientos muy bajos…, pudiendo mostrar así el carácter individual de cada finca, su pureza y su complejidad. Un vino imprescindible que une magistralmente una añada excepcional, una finca tan austera como seductora y una bodega como DRC que respeta la tierra, las uvas y los vinos.
Añada 2003
Se refiere J.Rigaux al 2003 como “la añada del fuego”. Se batieron todos los records: sequedad, precocidad, temperaturas extremas, insolación etc… Fue la añada más caliente desde el año 1540. En agosto hicieron 9 días consecutivos de más de 40ºC. Las lluvias fueron hasta un 40% menos que la media. Los rendimientos fueron muy bajos, obteniéndose una producción un 50% inferior a la media. Las vendimias fueron las más tempranas de la historia, iniciándose el 13-8, mientras que las más tardías habían empezado el 30-10 (o sea, dos meses y medio de diferencia en el inicio de vendimias).
La añada 2003 se caracteriza por su gran heterogeneidad, desde vinos míticos hasta auténticos jarabes compotados totalmente desequilibrados. Los rendimientos en general fueron muy bajos y muy variables, según suelos, exposición, edad de la viña…, aunque sin duda el aspecto clave fue la actitud de cada viticultor a la hora de trabajar el campo, pues solo pudieron hacer grandes vinos aquellos que practican una viticultura muy exigente, cuidando cualquier detalle, y reduciendo al máximo los rendimientos. Y es triste reconocerlo, aunque hay un grupo importante de bodegas que superaron la añada muy bien, la inmensa mayoría son vinos mediocres.
En el 2003 Lalou Bize Leroy dio una demostración de su gran sabiduría vinícola, de que cuando se trabaja seriamente los resultados son espectaculares, incluso en las añadas más complicadas. Algo similar ocurrió en DRC, con La Tache realmente impresionante y fiel reflejo del 2003. No puedo tener duda alguna para elegir a Leroy como mi mejor RSV 2003. Fue emocionante comprobar en una cata horizontal como los ocho Grand Crus tintos de Leroy eran totalmente distintos entre si, y cada uno de ellos expresaba perfectamente la esencia de cada finca, mostrando la visión más fresca, pura, equilibrada y aromática de la añada 2003, sin rastro de la superconcentración o sobremaduración tan habitual en otras bodegas. A partir de esta cata, realizada en la primavera del 2008, comencé a entender el viñedo de RSV, su pureza, su contundencia, su flexibilidad, su textura, su armonía, su seriedad, su austeridad…Y todo ello se materializa en fruta, alcohol, taninos, acidez, mineralidad…Para sin darte cuenta, plenamente inconsciente, el vino te va seduciendo, poco a poco, a cierta distancia, hueles y piensas, bebes y te relajas, y vuelta a empezar. Y no es fácil conseguir esta calma cuando al lado tienes a Richebourg, Musigny y Charbertin, que proporciona otras sensaciones, pero no ese relax excitante de las neuronas exclusivo de RSV.
Estoy convencido que es imposible hacer vinos mejores en Borgoña en el 2003. Y es justo que el trabajo obtenga su resultado. Porque Leroy sabe que sus rendimientos son los más bajos de Borgoña (entre 15 y 20 hect./Hect., frente a los 22-26 de DRC, 30-35 de las mejores bodegas, 40-45 de los buenos…) y que ese es el camino para buscar y conseguir la máxima calidad, aunque lógicamente haya que compensar tan minúsculas producciones con precios elevados. Un vino imprescindible para entender Borgoña y a Lalou Bize Leroy, su sabiduría, su interpretación magistral e inolvidable de la añada más extrema de la historia.
Añada 2005
Todas las condiciones climáticas son perfectas en la añada de 2005, desde el principio hasta el final del ciclo vegetativo, especialmente en verano, para J.Rigaux “una estación digna de un caso de escuela para definir una añada excepcional”. El verano se inició con una suficiente millerandage, anteriormente acasionada por la alternación de calor y frío, que proporcionó pequeños granos de gran calidad. Desde julio hasta la vendimia, iniciada a mediados de septiembre, el tiempo fue perfecto, seco, con calor y sol durante el día, y fresco por la noche. Cuando la maduración se ralentizaba llegaban pequeñas lluvias en el momento justo. No hubo tampoco ninguna helada devastadora como el 2004. El viento del Norte aseguró un perfecto estado sanitario y la luminosidad una perfecta maduración. La selección de la uva fue tan fácil que sólo había que quitar lo que no era perfecto. Las uvas tienen pieles gruesas, una relación ideal entre pieles y pulpa, con pepitas muy maduras. Equilibrio perfecto entre azúcar, acidez y taninos. Para J. Rigaux una “añada antológica: concentración natural, consistencia, clase, viscosidad sutil, mineralidad, textura, intensos en su juventud, complejidad excepcional, salinidad racial, dulzor delicado, longevidad, etc…”.
Yo estoy totalmente de acuerdo con la excepcional calidad de la añada 2005. Y creo que todas las buenas bodegas, no sólo las mejores, hicieron grandes vinos, aunque es posible que durante los primeros años en algunas botellas nos llevemos alguna desilusión, que se debe a que no atravesaban, cuando se bebieron, un buen momento de consumo. Hay aficionados, que faltos de experiencia, no distinguen si es un problema del vino o del momento del consumo, y entonces, sin mala fe, critican Borgoña, la bodega y el vino. Recuerdo, por ejemplo, un RSV 05 de Jean Jacques Confuron, que comparado con el 99 y el 02 de la misma bodega y viñedo, el 05 es muy superior, porque logra reconciliar el Viejo y el Nuevo Mundo, desde la intensidad, la fuerza y la mineralidad, superando plenamente el ligero desajuste fruta/estructura/madera de años anteriores, para ser un vino compacto, sin fisuras, que representa fielmente un estilo, y en parte, la finca y la añada.
Pero mi vino de RSV o5 es Leroy, para mí muy posiblemente el mejor RSV que he bebido en mi vida. Y no me refiero al momento de consumo, pues es evidente que el vino está muy joven, que con el tiempo alcanzará un nivel de calidad excepcional. Pero no se trata de que el vino será mejor, cuándo y cómo, ni compararlo con el futuro 2009 ni el anterior 96 o 2003. Es algo tan sencillo como pensar qué sentimos cuando lo bebimos. Es lógico que con los años el vino ganará muchísimo en complejidad a la vez que pierde parte de su juventud, pero también es justo reconocer que yo he bebido muchísimos vinos en plenitud con una complejidad extraordinaria y sin embargo en vinos jóvenes no recuerdo casi ninguno de esta envergadura. ¿Porqué sólo pensamos en juventud y falta de tiempo sin más? El vino ya está perfecto, para beber, para pensar, para disfrutar, para soñar… ¿Acaso es negativo que un vino sea extraordinario a los cuatro años?, ¿por qué tenemos tantas dificultades mentales para reconciliar tiempo y placer?
Me gusta del Leroy RSV 05 el equilibrio perfecto entre su estructura natural contundente (fuerza frutal, madurez fresca, acidez alta, alcohol prudente, madera responsable) y sus cualidades seductoras (elegancia, finura, armonía, belleza, color, aromas, sabores…). En un principio pensé que todavía, por falta de tiempo, no representaba la finca de RSV, y si a Leroy y el 2005, pero después consideré que estamos ante la máxima expresión de RSV, acorde a nuestra inteligencia más libre y nuestro tiempo, uniendo cultura y placer. Intencionadamente no he querido comparar Leroy y DRC, pero estoy convencido que ambos expresan como nadie la contundencia y la seducción, y en el 2005 Leroy ha sido capaz de añadir el placer. Pero,¿cómo se consigue?. Tal vez inventando un nuevo equilibrio, entre una mayor madurez, manteniendo la alta acidez, y sin aumentar extracción ni alcohol, creando una nueva textura (la seducción está en los aromas y el placer en los sabores). RSV 2005 de Leroy, imprescindible para comprender la Vida, el Vino y a nosotros mismos.
RSV hoy
No es fácil para los aficionados acercarse a un RSV. No tanto por el alto precio de cada botella (hay gente con muchísimo dinero), sino por la dificultad para comprenderlo, hasta el punto que es absurdo beber un vino de esta envergadura para decir que “está muy bueno”, “me gusta mucho”…, porque para eso hay vinos de 10-20 €. De un RSV hay que esperar algo más, y aunque sea difícil de expresar, porque a veces mente y palabras no se acoplan, sí al menos disfrutarlo plenamente.
Pensemos en las añadas de la última década para comprender la dificultad. En años como el 2004, y posiblemente 2008, la delgadez cristalina y pura se confunden con un vino endeble y poco maduro, al igual, pero a la inversa, que la insinuante y bella madurez del 2000 y 2006 se confunden con un vino concentrado y sin acidez. Y en las grandes añadas, como el 2005 o el 2009, la parte hedonista es tan atractiva que sin darnos cuenta olvidamos la parte intelectual.
Personalmente considero tres etapas, según mis sensaciones, en las últimas décadas de los vinos del viñedo de RSV, que no se excluyen, sino que cada una de ellas coge lo mejor de las anteriores y añade sensaciones tan nuevas como extraordinarias.
Hasta el año 1990 los vinos de RSV eran austeros, con un carácter monacal, poco expresivos en su juventud, y que necesitaban muchos años, según añada, para expresar todas sus cualidades. Eran vinos de la historia, del tiempo, del viñedo…
Desde 1990 hasta el año 2002 incluido se produce un equilibrio perfecto entre la contundencia y la seducción. Y hay que hablar de dos bodegas, DRC y Leroy, que, respetando el viñedo y la uva, logran elaborar vinos simultáneamente clásicos y modernos. Leroy hace una demostración, nunca vista, de juventud e intensidad, gracias a una acidez flexible, entremezclada de manera indisoluble con madurez (rendimientos minúsculos) y plenitud, en unos vinos tan sorprendentes como extraordinarios. Por su parte DRC encuentra el nivel 10 en RSV desde la finura, la elegancia, la complejidad…, controlando el Sol y evitando todos los excesos tan habituales en esta década, para alcanzar la seducción desde una especie de austeridad del siglo XXI.
Desde el 2003 Leroy añade el placer. La viticultura y la elaboración alcanzan la perfección. Los vinos alcanzan la más absoluta precisión. Y todo es fruto de la reflexión del Hombre. El viñedo llevaba siglos esperando este momento. Antes el placer sólo llegaba al final (y en este sentido eran vinos de espíritu religioso), y ahora el placer llega desde el primer instante gracias a una seducción tan intelectual como hedonista, sin ninguna frivolidad. Y de esta manera son vinos para nuestra mente, que es donde unificar el vino y su contundencia, con la sensualidad, la seducción, el placer… Ahora son vinos plenamente humanos, adiós a los dioses. Vinos de nuestra cultura, de nuestro tiempo.
Me gusta muchísimo RSV. La unión perfecta entre contundencia, seducción y placer. Y por suerte para los aficionados lo elabora, entre otras, las posiblemente dos mejores bodegas del mundo, Leroy y DRC. Vinos tan escasos como caros que bebemos en muy pocas ocasiones durante toda nuestra vida. Sin embargo nos hacen pensar, recordar, comparar, disfrutar, compartir, soñar… y hasta escribir.
charla abierta:
http://www.verema.com/foros/foro-vino/temas/770542-vino-romanee-st-vivant
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Me gusta el vino ¿y a ti?
Por salva | Julio 19, 2010
No me gustan sus efectos “secundarios”, aunque debo decir y todos sabemos, que con vino es muy difícil “emborracharse” (antes de “perder los papeles” te saldría ya por el esófago hacia arriba). No me gusta el “alcohol” como tal (un GT, máximo dos, en ocasiones…poco más).
Me gusta probar, descubrir, discutir, contradecirme a mí mismo, evolucionar, cambiar de parecer, volver a reencontrarme, darme la razón, dársela al de enfrente, quitársela con vehemencia (si hay confianza para ello), relativizar, volver a contradecirme a mí mismo (especialmente si nadie me discute, no me dejan otro remedio:–)…revolcarme de gusto con un vino económico que no conocía, emocionarme en silencio con otro (independientemente de su precio) de igual manera que, sin saber cómo ni por qué ni cuando sucederá, te pasa con cualquier otra muestra artística. Me gusta leer, instruirme, razonar lo leído, sugestionarme hasta donde yo permita (según la fuente a veces), viajar, comprender, conocer…
Me gusta “contagiar”, cuando la “víctima” así me lo pide (a veces a gritos en silencio), me gusta hacer la contra y sacarte un blanco cuando estás aún en la fase “tintocrática”, o un espumoso si aún no te dejaste embaucar por ellos, o un “tradicional” si estás inmerso en el “placer fácil”, o un “moderno” si te veo negarte a disfrutar de tal placer, camuflado en no se bien qué “pose de sofisticación”, invitarte a un vino “impuro y defectuoso” si te veo instalado en la “pureza”, cálido y mediterráneo si me pareces embrujado por una fase “nórdica y atlántica”, voluptuoso y sensual si solo te veo disfrutar de lo que crees “austero e intelectual”…o todo lo contrario, o, si me apuras, dejar de hacerte la contra y disfrutar “contigo” de los vinos que en ese momento te gustan, aunque me martillees con “tu verdad” (que no es otra cosa que una fase puntual del camino que recorres) y yo me vea a mí mismo hace un tiempo, reflejado en ti.
Me gusta que “me contagien” otros que ya probaron diez veces más vinos que yo, viajaron quince veces más y leyeron doscientas veces más. Me gusta (me encanta rabiosamente, casi tanto como el sexo) discutir con esos maestros, “pelearme” con ellos sin cuartel, vencer y ser vencido, tener razón “en una”, aunque me fostien en las otras nueve, o tablas, o lo mejor de todo, siempre lo mejor de todo…que sea EL VINO el que GANE, uniéndonos después de largas “discusiones” en una amistad aún, si cabe, mayor que dos horas antes (que ya era inmensa) y esa maravillosa sensación de que “encima” de llevar disfrutando como un cosaco dos o tres horas de magníficos vinos y aún mejores amigos…he APRENDIDO ALGO MÁS, en COMPRENDIDO algo más, algo así como que he CRECIDO un poquito más.
Me gusta compartir mis emociones con mis amigos y quienes se me acercan (aquello de: si yo he disfrutado esto, TENGO que compartirlo con ell@s) aunque me costó un tiempo aprender que “compartir” no es “imponer”. Y cada día me gusta menos la cara B, que es cuando en torno a una mesa, aparece un “fantasma” que no solo no tiene ni idea de lo que habla (algo en absoluto grave, la ignorancia es “neutra”…inocente) sino que ataca, ofende a vinos, bodegas, bodegueros, defendiendo a su vez lo infumable (la ignorancia atrevida sí es jodida). Antes me encantaban estos lances: A POR ÉL!!! Me decía a mí mismo mientras relamía mis colmillos….ahora no, eso ya no me gusta, me aburre, me cansa y eso NO ES EL VINO.
Me gusta “calentarme la cabeza” pensando un maridaje de varios vinos, donde deba mezclar tipologías (espumosos, jereces, blancos, tintos, dulces…) sin tener ni idea de los gustos de las personas a quienes van dirigidos, ni su poder adquisitivo, ni su bagaje ni nada de nada. Porque ello me fuerza a la prueba del algodón…un maridaje que valga tanto para “entendidos” como neófitos, modernos y tradicionales, amantes de la finura, acidez y elegancia o de la calidez, opulencia y sensualidad grasa…y todo ello dentro de un presupuesto “al alcance de (casi) todos”. Es la prueba del algodón porque me obliga a elegir los vinos huyendo de todo tipo de dogmas, escuelas y teorías, pero a su vez, teniéndolas a todas en cuenta y sin por ello caer jamás en vinos, digamos “de amplio espectro”, NO, sin renunciar a la originalidad ni, por qué no decirlo, al riesgo.
Me gusta el vino, beber vino, leer vino, viajar vino, hacer grandes amigos en torno al vino, discutir sobre vino, escuchar sobre vino, enamorar o que me enamoren con un vino, abrazarme a un buen amig@ en torno a un vino, evolucionar en mis gustos y preferencias en torno al vino, irme “muy lejos de casa” buscando “la verdad”, para después encontrarla enfrente de mi casa, la misma que a tres mil kilómetros.
Me gusta intentar “escuchar” a un vino, por encima incluso de sus “defectos”, observar su evolución y si le sentó mejor o peor una “elaboración” determinada, o si, a pesar de tal botella haber pasado su “mejor momento”, aún hay detrás un mensaje de un Gran Viñedo (o no) y elucubrar sobre hasta dónde en tal o cual vino fue “el hombre” y hasta donde “el viñedo”, o por supuesto, la “magia” cuando ambos van a la par. Me gusta disfrutar las fases “jóvenes” e incipientes de un buen vino de guarda (cada día más escasos quizá?) o la evolución que tuvo un vino que no fue hecho para tomar unos años después (pero hay viñedo detrás para “soportarlos”) así como tomarlos lo más ortodoxamente posible, claro (en su supuesto “momento optimo”).
Me gustan solos y sin pensar para nada en el dichoso “maridaje” y también jugar con ellos en combinación con tal o cual plato. Me gustan jóvenes, desenfadados y frescos y también elegantes, maduros y reflexivos. Me gustan originales, que me remonten irremediablemente a su origen (si he viajado a tal lugar) y me cuenten su historia. No me gustan impersonales y ricos, si “solo” es ese su dialogo conmigo (aunque los acepto).
Me gustan las metáforas más “poéticas” para describirlos y también otras más “técnicas”, siempre que intenten “dibujar” algo de ese vino. Me gusta acercarme al vino según mi estado de ánimo, pero irremediablemente me gusta más cuando ese estado de ánimo no es “frío, distante y supuestamente objetivo” (esto para mí es un poquito de soberbia), aunque tampoco me gusta (ahora, hace unos años no podía evitarlo) dejarme llevar por completo por las emociones y confundir lo “entrañable” con la “calidad”.
Me gusta el vino, mucho más que el “ego”…y a ti?
charla abierta:
http://www.verema.com/foros/foro-vino/temas/767875-gusta-vino-ti
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Entrevista a Cayetano…nuestro Jefe de Cocina
Por salva | Julio 11, 2010
Se trata de una entrevista fresca y no especializada…pero me resulta interesante.
http://www.laverdad.es/murcia/v/20100711/region/cocina-actual-impone-vuelta-20100711.html
todos con la Roja!!!!
aquí la entrevista entera, sin cortes para la edicion de prensa escrita:
-Su triunfo en la Copa de Jérez supone otro éxito de los cocineros de la Región. ¿A qué altura cree que se sitúa la cocina murciana?
Dentro de la gran revolución gastronómica acontecida en España en los últimos 15 o 20 años, Murcia ocupó siempre un segundo plano, con un continuismo acomodado que no ayudaba a salir de ese posicionamiento. Últimamente las cosas están cambiando, con la nueva estrella Michelin conseguida por Pablo y su equipo, nuestro premio nacional en este reputado concurso y una nueva disposición del sector en general, más motivado y con inquietudes…a ver qué pasa en el corto y medio plazo…
-Próximamente tendrá que defender el pabellón español en el certamen internacional, ¿qué equipo del resto de países le impone más respeto? ¿por qué?
Todos, a priori, me parecen temibles, por tratarse de los mercados tradicionales de exportación del vino de Jerez, son grandes conocedores de estas joyas enológicas, a veces y paradógicamente, menos conocidas en España que en estos países. La cocina de Japón es ideal para ciertos maridajes con Jerez, Reino Unido es la “meca” del Jerez…
-¿Ha llegado también la crisis a la cocina? ¿en qué lo ha notado?
Creo que la crisis ha llegado al sector de la restauración en su conjunto, como no podía ser de otra manera, pero no necesariamente a la cocina, si hablamos en términos de creatividad. Pues estas crisis nos obligan a crear e intentar dar placer con productos mucho más económicos, pero no por ello menos excelsos y exquisitos. Es tiempo de elevar una sencilla alcachofa (por poner un ejemplo) al lugar de honor que merece entre los productos llamados “gourmet”.
-Con tanto plato de diseño ¿teme que pueda perderse el menú de cuchara?
Este debate, arraigado ya en la sociedad, me parece erróneo y sin fundamento real. No son dos mundos enfrentados la cocina creativa y la tradicional, sino complementarios. Sin la base de la tradición, es artificioso intentar crear algo nuevo y por otra parte, todo lo que hoy se considera tradicional, hubo un tiempo en que fue revolucionario.
-¿Ve una vuelta a la cocina de siempre?
No exactamente, aunque sí un cierto regreso a la cordura. Crear por crear sin la suficiente reflexion no lleva a ninguna parte y el inmovilismo desde la tradición tampoco. Han de convivir todas las cocinas, todas las interpretaciones, todas las influencias…para enriquecernos cada día un poquito más.
-¿Hacia dónde cree que va evolucionar el mundo de la cocina?
Creo que se apoyará en tres pilares básicos: la salud, la sencillez y, porqué no decirlo, la diversión y la sorpresa. Salud, porque ya nadie en su sano juicio quiere disfrutar a costa del colesterol; sencillez porque creo que vamos hacia una cocina de síntesis, donde prime el equilibrio y el sabor por encima de etiquetas (tradición versus creatividad) y diversión/sorpresa, porque el cliente, al salir fuera a comer, querrá vivir una experiencia nueva, no meramente alimentarse.
-¿Qué papel considera que pueden jugar los alimentos ecológicos?
En la medida en que se normalice con sentido común ese mercado, tanto por salud como por sabor, se impondrán irremediablemente. Participamos en un proyecto que se basa en un “cultivo a medida” que se adapta a nuestras necesidades, sin intermediarios y con unos precios de mercado y con una finca lo suficientemente grande como para no ser ecológico, pero con el vecino tratando químicamente su parcela. Creíamos perdidos los sabores de la infancia de un tomate o sandía y sin embargo, estos productos que trabajamos, nos los devuelven.
-¿Considera que están suficientemente reconocidos los vinos de la Región?
Mi visión del mundo del vino es muy personal y desde un punto de vista muy global y mundial, pues soy muy aficionado a ellos desde hace muchos años. Creo que necesitamos encontrar un hueco desde donde ofrecer nuestra maravillosa “mediterranía”, con su carácter goloso, carnoso y cálido…pero intentando aplicar los enormes avances en viticultura y enología de las últimas décadas, para que ese carácter consiga un punto de frescura y equilibrio en los vinos. Necesitamos encontrar todavía eso que llaman “tipicidad”. Hay grandísimos vinos en nuestra Region de Murcia.
-Usted conoce El Buli. Ha comido allí. Cuando se anuncio su cierre fue tema de portada en los periódicos, ¿es para tanto?
Sí, lo es, por tratarse de la figura más importante de la gastronomía a nivel mundial de todo el siglo XX. Ferrán Adriá. Me atrevería a decir que la figura más importante de toda la historia. Al genio Adriá no hay que “copiarle” los platos, él más bien genera nuevas técnicas y, lo más importante de todo en mi opinión, enseña a “pensar”…a ser creativo. Ferrán ha conseguido que muchos jóvenes de todo el mundo sueñen con ser cocineros, él inicio la gran revolución gastronómica que vivimos actualmente en el mundo.
-Si pudiera cocinar para ‘La Roja’, ¿qué menú típico murciano le serviría?
Intentaría mostrarles en un menú un recorrido por nuestra geografía y distintas cocinas, desde la costa con sus platos marineros, hasta el interior con su cocina con influencia “manchega”, pasando por los “mar y tierra” del transito y nuestra hermosa huerta. Un buen tomate con tallos y olivas de Cieza, un Zarangollo, un Huevo ecológico con migas, un Caldero con Dorada del Mar Menor, unas Fresas de Sangonera y unos Paparajotes podrían representar bien nuestra cultura, regado con vinos de nuestras magnificas DOs.
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Una de Tarantino…
Por salva | Junio 25, 2010
…pues ahí andamos, metidos ahora en labores de rodaje.
Lo estamos pasando en grande, la verdad sea dicha, grabando este vídeo donde intentamos contar “la historia”, que no es otra que la organización y desarrollo de un evento de celebración (ya sea enlace nupcial o de otro tipo), en un tono de humor, fresco y desenfadado, pero no por ello menos profesional.
Aquí les tienen, a los 4 protagonistas a punto de “dar el golpe”.
Nos inspiramos en una estética tipo “Ocean’s Eleven”, ¿recuerdan la película?, y como no estaban disponibles George Clooney, Brad Pitt, Julia Roberts, Andy García y compañía, pues lo hicimos nosotros mismos y aquí les tienen, por orden de aparición:
· Sushi Man (Maxim)
· La Especialista (Arancha)
· Mr. Chef (Cayetano)
· El Gracioso (Charly)
SINOPSIS:
La Especialista (Arancha) es una mujer de acción. En menos de 24 horas fuera de una penitenciaría de Nueva Jersey en libertad condicional, la sardónica y carismática ladrona ya está urdiendo su próximo plan. Siguiendo tres reglas -no herir a nadie, no robar a nadie que no se lo merezca y jugar como si no tuviera nada que perder- La Especialista organiza el golpe más sofisticado y elaborado de toda la historia.
En una noche, los tres expertos a los que Arancha eligió cuidadosamente -entre los que se cuentan un astuto as del humor y la magia (El Gracioso), un magistral Sensei Japonés (Sushi Man) y un genio demoledor de los fogones (Mr. Chef)- organizarán con éxito una celebración de banquete. Ejecutarán su plan con precisión de láser. La perversa Especialista (pareja de Salva, un elegante y despiadado empresario ¿coincidencia o motivo?) tendrá que arriesgar su vida y la de sus colaboradores. Pero si todo sale de acuerdo con el intrincado y casi imposible plan, no habrán contratiempos… o ¿sí?
…ya está casi a punto.
INMINENTE ESTRENO, NO SE LO PIERDAN!!
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Fiesta IV Copa Jerez.
Por salva | Junio 18, 2010
Como dijo sabiamente uno de los amigos asistentes a esta fiesta: como perdamos en enero lo vamos a celebrar por todo lo alto!!…si ganamos ya veremos qué pasa, pero como perdamos…a tope!!
Así que, de momento, como lo que hemos ganado es representar a España en esta competición gastronómica…pues lo hemos celebrado íntimamente, con unos cuantos amigos, los que pudieron venir…en la noche del miércoles día 9 de Junio.
En los jardines, con buena música de Jazz a medio gas, muy buen clima, tranquilidad, buenas viandas y mejores amigos y amigas.
Una buena mesa de Sushi preparada por el maestro Takuzo, flanqueada por otra estación de bonito y salazones con un tomate ecológico de quitar el hipo y otra más de conservas, centrada en buenos mejillones y espárragos.
Otra estación de quesos e ibéricos con el buen bellota llevándose la palma y al fondo, nuestro querido Estefan preparando en vivo un rissotto y un caldero de chuparse los dedos, para servir mientras salía la vaca vieja a la brasa.
En medio de todo, una gran isla de ostras gallegas rodeada de buena quisquilla hervida y a la entrada la gran mesa del vino, con Fino del Maestro Sierra, Billecart Salmón Brut Reserve Magnum, Rosé Magnum, Cuvée Nicolas 98 Magnum, Pedrouzos 05 Magnum, El Sequé 07 Magnum y Furtiva Lágrima de Gutierrez de la Vega para endulzar…la barra de la cervecita en el otro extremo y la de los Gin-Tonics al final del todo.
Un final de vinos antológicos más en petit comité que mejor ni nombrar, mientras nos lloviznaba encima, pero de allí no se movía nadie.
Os dejo unas fotografías del evento y os doy mis más sinceras gracias por acompañarnos en esta fiesta cuyo único objetivo era arropar y darle un buen abrazo con un mejor brindis a este par de cracks que son Juan Luis y Cayetano.
En enero…más y mejor, si nada nos lo impide.
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…aterrizando de la Copa Jerez…
Por salva | Junio 2, 2010
Aterrizando (del viaje) y aún en las nubes por el resultado…yo también quiero unirme a la felicitación de estos dos locos por la gastronomía que son Cayetano y Juan Luís.
Ha sido un Concurso difícil y hermoso a partes iguales. Tengo que felicitar expresa y efusivamente a Andoni Arrieta y Margarita Atucha, cocinero y sumiller del grandísimo restaurante Andra Mari (Galdakao, Bizkaia), así como a Mauricio Giovanini y Francisco García, los respectivos del espectacular restaurante Messina (Marbella), por su enorme y apabullante nivel profesional, pero por encima de eso, por su honesta deportividad y gran calidad humana.
http://www.andra-mari.com/es/index.php
http://www.restaurantemessina.com/
Un derroche de profesionalidad, sabor con mayúsculas, creatividad, criterio, color, aromas, maridaje, calor (sí, también…mucho, estábamos a tiro de piedra de Vinoble), imaginación, camaradería, buen rollo, inquietud, perfeccionismo, calidez, frescura, chispa, buen humor, tensión, concentración…buen hacer en definitiva. Dos Restaurantes con mayúsculas y cuatro profesionales como la copa de un pino.
Hubieron momentos de verdadera belleza entre bastidores, es emocionante ver a tres cocineros ayudándose entre sí a pesar de estar compitiendo entre ellos, viendo cómo les vencía la curiosidad por la “genialidad” del rival, por encima del propio concurso, cómo se prestaban materiales o productos…en ocasiones era como aquél comentario sobre tenis y Federer: “algunos golpes de Federer son tan buenos que hasta el rival tira la raqueta, mira el punto y aplaude”…o ver a los tres sumilleres casi como si fueran del mismo equipo, avisando el uno al otro de si la temperatura del vino (calor, sí, mucho calor…) era la buena o si necesitaba una ayudita con las copas para su intervención.
Da gusto competir así, aunque fue un concurso, con todas las de la ley, duro y con tensión.
Tenía que ganar uno y les tocó a mis apreciados compañeros y amigos Juan Luis (se salió el muy …pero no se lo digáis) y Cayetano, esa especie de aprendiz de Buda que es capaz de estar tres días “mirando” una “simple” salsa, hasta que consigue la que quiere.
Ahora toca la enorme responsabilidad de representar a España contra “los Siete Magníficos”…menudo marrón tenemos encima.
Vinoble? Buffffffff, que calor!! Eso sí, me dio tiempo y tuve la gran suerte de compartir una cata muy chula con Eugenio Saez, ese forero que dice que le gusta el Jerez
muchas gracias a todos.
pd: un 10 a la Organización de la IV Copa Jerez.
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Vencedores Final Nacional de la IV Copa Jerez
Por salva | Junio 2, 2010
El Restaurante Casablanca vencedor nacional del concurso gastronómico copa Jerez y apuesta española para mejor maridaje del mundo con Vinos de Jerez
Un jurado compuesto por destacados nombres del vino y la gastronomía y un concurrido público de profesionales del sector han conformado el escenario en el que se ha desarrollado la Final Nacional de la 4ª Copa Jerez. Una reñida competición y antesala del gran encuentro gastronómico que tendrá lugar con motivo de la Gran Final Internacional. Allí, el restaurante Casablanca se verá las caras con las mejores propuestas de maridaje con vinos de Jerez del mundo.
Tras un largo recorrido de más de dos años que ha enfrentado a numerosos restaurantes por toda la geografía española, la 4ª Copa Jerez ya cuenta con ganador nacional. El restaurante murciano Casablanca ha resultado vencedor con su propuesta de maridaje gastronómico con Vinos de Jerez frente a otros dos destacados restaurantes procedentes de distintos lugares de España: Andra Mari, de Vizcaya, y Messina, de Marbella.
La competición ha tenido lugar en Jerez de la Frontera, en la Escuela Profesional de Hostelería de Jerez, ante un jurado de prestigio compuesto por reputados expertos en vino y gastronomía: César Saldaña, Director General del CRDDO Jerez y Manzanilla; Paz Ivison, Premio Nacional de Gastronomía y periodista; José Ramón Peiró, Premio Nacional de Gastronomía y periodista; Jarno Eggen y Cindy Borger, chef y sumiller del restaurante De Lindenhof, ganador Internacional de la 3ª Copa Jerez.
De las propuestas finalistas, que han sido juzgadas según la originalidad y creatividad de las recetas y vinos seleccionados y la justificación de los maridajes propuestos, ha sido la del equipo del restaurante Casablanca la que mayor puntuación ha obtenido, aunque el jurado ha valorado el alto nivel de los tres restaurantes. El chef Cayetano Gómez y el sumiller Juan Luis García han destacado por encima de los otros dos equipos no sólo por la calidad de sus recetas y los maridajes, sino por la puesta en escena y el esmero con el que han presentados los platos y los vinos. Así pues, el menú con el que el restaurante Casablanca ha resultado vencedor ha sido el siguiente: de primero, ostra a la brasa escabechada, maridada con La Bota de Amontillado nº 9 Navazos de la Bodega Sánchez Ayala, un plato considerado exquisito por el jurado; de segundo, paletilla de cordero lechal glaseada sobre una crema de almendra tostada, acompañada con Oloroso Dulce Solera 1842 VOS de Bodegas Valdespino; y de postre, sorbete de cacao y peppermeint y rocas de café sobre crema cuajada de dátiles con Pedro Ximénez VOS de Bodegas Tradición.
Final Internacional Copa Jerez: en busca del mejor maridaje del mundo
El menú creado por el equipo del restaurante Casablanca será la apuesta española para alzarse con el título de ganador de la 4ª Copa Jerez, que premia la mejor propuesta de maridaje gastronómico con Vinos de Jerez a nivel internacional. La cita enfrentará a los vencedores de otros siete países: Alemania, Bélgica, Dinamarca, Holanda, Estados Unidos, Japón y Reino Unido.
La pasada edición el equipo holandés del restaurante De Lindenhof se alzó con el triunfo, y en las dos primeras ediciones fueron los británicos quienes resultaron vencedores. No en vano el Reino Unido cuenta con una profunda tradición del Sherry –más vigente que nunca hoy día gracias a defensores de la talla de Heston Blumenthal, chef de The Fat Duck- y es en la actualidad el país con mayor consumo de estos vinos, incluido España.
En esta ocasión los españoles tendrán que defender su maridaje ante propuestas del más alto nivel, en un encuentro al que nuevamente no faltarán relevantes críticos gastronómicos de la escena internacional.
Concurso Internacional Copa Jerez
Copa Jerez es un concurso internacional de maridaje de Vinos de Jerez y Manzanilla con menús gastronómicos, que se celebra cada dos años y en el que participan equipos de cocinero y sumiller de seleccionados restaurantes de ocho países.
El concurso Copa Jerez, organizado por Fedejerez y el Consejo Regulador de las DDO “Jerez-Xerès-Sherry” y “Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda”, tras sus tres ediciones anteriores, ha alcanzado un reconocido prestigio y notoriedad internacional, tanto por la elevada calidad de las recetas y los maridajes presentados, como por la certificación que reciben por parte de los miembros de los jurados, todos ellos reconocidos profesionales del mundo gastronómico como Josep Roca, Juan Mari Arzak, Juli Soler, Heston Blumenthal, Dough Frost o Makoto Abe.
El Marco de Jerez
Las Denominaciones de Origen de Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, de las más antiguas que existen en España, tienen su origen en el denominado Marco de Jerez que se extiende a lo largo de 10.000 hectáreas de viñedo. Entre los grandes atractivos de estos vinos destaca su gran diversidad y versatilidad. Desde los secos y pálidos, como el Fino y la Manzanilla, hasta los más dulces y oscuros, como el Pedro Ximénez y el Moscatel, pasando por toda una gama de colores, aromas y sabores: Amontillado, Oloroso, Medium, Pale Cream y Cream, que completan un abanico que hace del Jerez un vino perfecto para los más diversos gustos y momentos de consumo.
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